Mullers n'aizión

Diya d’a muller rural !

Hoy 15 de Octubre es el día de la mujer rural y desde A Clau Roya no queremos que quede indiferente la doble situación discriminatoria a la que se enfrenta la mujer rural, primero por el mero hecho de ser mujer y segundo por el hecho de vivir en el medio rural, un medio de entrada con menos posibilidades. Queremos recordar el importante papel que cumplen y han cumplido a lo largo de la historia todas y cada una de ellas y a la vez mostrar las múltiples dificultades que deben afrontar a lo largo de su vida. Para ello hemos construido la historia de una mujer rural que podría ser cualquiera de nosotras, de una manera narrativa y personal.

MUJER RURAL, YO

Y esta es la historia de una niÑa que crece en un pueblo, al que ama con todo su corazón aún con todo lo que ello conlleva.

En la escuela son pocas pero todas se llevan muy bien, no importa la edad todas juegan juntas y salen juntas porque todas son necesarias, son necesarias para hacer un equipo de fútbol, para jugar en el parque, con las muñecas o en escenarios imaginarios construidos con objetos que se encuentran por ahí (y sirven un montón de piedras, la arena de una obra y mil cosas más porque nunca falta la imaginación). Eso sí, ella no puede ir a clases de pintura aunque le encante, ni a música, ni a clases de natación o gimnasia rítmica, ni tampoco a francés ni alemán. Ella vive en su mundo ajena a un sin fin de oportunidades que quizá algún día cuando crezca pueda encontrar y no sea tarde para aprender o tal vez nunca llegue a descubrir.
Pero esa niña va haciéndose mayor y los problemas crecen con ella.

Ella no entiende por qué tiene que quedarse en casa limpiando mientras su hermano va con sus padres a ayudar al campo, si a ella le encanta el campo, por qué es su hermano el que va con su padre a cazar si a ella también le gustaría, mientras ella acompaña a su madre a misa porque es una de las pocas actividades de tiempo libre que tiene su madre y de encuentro con el resto de mujeres aunque eso suponga escuchar sermones llenos de mensajes de refuerzo del sistema patriarcal manteniendo a las mujeres al servicio de sus maridos, relegándolas a un segundo plano. Haciéndolas actuar bajo una moral represiva.

Pronto debe salir de su pueblo y trasladarse todos los días en autobús a estudiar al instituto más cercano…
Pasan los años y ella sigue estudiando, le gusta… y decide ir a la universidad. Y así deja atrás a todo su mundo conocido: sus padres, sus amigos, su casa, sus montañas y sus árboles, su río, su perro… y todo esto lo sustituye por asfalto, gente desconocida, individualismo, nuevos amigos, y también muchas posibilidades.
Pero está triste, su pueblo cada vez está más solo, muchos amigos como ella también emigran a la ciudad y apenas quedan solo sus padres y abuelos.

Aunque ella no es la única afectada, para su madre la situación tampoco es fácil, tiene que ver cómo se marchan sus hijos y enfrentarse a la soledad del síndrome del nido vacío (Un sentimiento de tristeza y de pérdida, de falta de identidad a consecuencia de haber construido su proyecto vital sobre la base de la familia, derivado de haberles sido inculcado el rol fundamental de ser madre donde la relación con sus hijos ha constituido una parte muy importante de su identidad femenina)

La mayoría de mujeres rurales (hasta el 82%) trabajan en explotaciones agrarias ayudando a sus maridos pero más de la mitad no cotiza a la seguridad social, lo que ocasiona un grave problema para ellas.
Por si la despoblación y el envejecimiento no fueran suficientes para hacer peligrar la supervivencia de su pueblo, el ruin capitalismo y los intereses políticos crean otras nuevas amenazas, en algunos pueblos son los embalses, en otros son las minas pero siempre el interés es el mismo, sin importarles nada ni nadie más. De esta transforman a los pueblos en los principales productores de materia prima pero con una mano de obra barata y estos pueblos actúan siempre como objetos y no como sujetos de su propio destino.

Y os puedo poner varios ejemplos:

Tenemos el caso de la mina de Borobia donde a pesar de la lucha del territorio aragonés, la empresa minera ha conseguido comprar con dinero la voluntad de buena parte de los vecinos de la localidad soriana y amenazar a los que no comparten sus intereses. En Artieda, sin embargo con el recrecimiento de Yesa, las vecinas se han mantenido firmes como sujetos, dueñas de su tierra y futuro.

En el este de Aragón, están las granjas porcinas, donde parte de la población se ve sometida a los intereses de las explotaciones que a su vez dejan muy poco rendimiento económico en la zona pues todo el proceso de producción está fuera.

Sin olvidar tampoco la triste mutilación de la huerta zaragozana en favor de distintos intereses urbanísticos ya sean la expo, la Universidad de San Jorge o la construcción de urbanizaciones.
En todos estos ejemplos nos encontramos con un denominador común, y éste es el importantísimo papel que la mujer rural ha tenido y sigue teniendo en la defensa de su territorio. Ellas han sido las encargadas de reclamar el derecho de su pueblo a actuar como dueño de su propio destino y de no dejarse llevar por la espiral especulativa obcecada en convertir la tierra en cemento.

A ella le gustaría poder luchar más de cerca pero sabe que allí todas las mujeres, todas, lo están haciendo con fuerza, ellas siempre lo han hecho así. Al igual que se han encargado a lo largo de la historia de mantener el patrimonio cultural y gastronómico, la transmisión de valores, de tradiciones así como de la identidad y de la memoria colectiva de nuestra tierra. Un papel clave pero poco reconocido.

Ellas, las mujeres, han sido pioneras del turismo rural, un recurso que además de haber aumentado las posibilidades de relación entre población rural y urbana, ha obligado a los municipios a conservar, mantener y valorar el patrimonio histórico, cultural y natural, generando además nuevo empleo.

Ellas han participado en la trasformación artesanal de productos agroalimentarios y su comercialización, favorecido el auge de la llamada neorrusticidad o neorruralidad sumado a la cultura de lo slow, de lo sano, de lo auténtico, de los alimentos con sabor, del pan recién horneado… contribuyendo así con la calidad alimentaria, la sostenibilidad, el medio ambiente y con el fomento de la economía en el mundo rural.

Sin embargo, a pesar de su trascendental labor, la participación femenina en la toma de decisiones y en política ha sido bien escasa. Y en la mayoría de las ocasiones ha supuesto más que nada un problema, ya sea la falta de apoyo, el rechazo, la confrontación o incluso el descalabro conyugal. Todos conocemos ejemplos en nuestros lugares de mujeres que han sido juzgadas o incluso discriminadas por ser diferentes, por sobresalir o por intentar cambiar lo que siempre ha sido así, en definitiva por luchar por sus derechos…
Además, la ocupación en las responsabilidades familiares como el cuidado de ancianos, de enfermos y dependientes( no olvidemos que el 85% de ancianos dependientes son atendidos en el entorno familiar, y es realizado por mujeres de entre 45-55 años que en su mayoría son hijas, esposas o nueras) y su dedicación en las tareas domésticas (ya que la mentalidad del varón no ha asumido su corresponsabilidad en las mismas) son hechos que han frenado más esta participación y por tanto la toma de decisiones que resulta fundamental para realizar los cambios necesarios con el fin de conseguir la igualdad de derechos y oportunidades reales.

Por no hablar de las mujeres inmigrantes, ellas todavía lo tienen mucho peor. Han dejado atrás su país, su familia, incluso a sus hijos, todo con el fin de buscar un futuro mejor. A menudo se encuentran con una situación muy distinta a la prometida, son engañadas, estafadas y obligadas a subsistir en cualquier tipo de trabajo, sin ningún derecho, invisibles para la sociedad.

Esta falta de igualdad de oportunidades nos explica muy bien el hecho de que la mujer rural se vea obligada en muchas ocasiones a emigrar de su pueblo contribuyendo de esta manera con la masculinización y al envejecimiento de la población, ocasionando así un grave peligro para la viabilidad de los territorios rurales.

Pero ella jamás deja de soñar, imagina el día en que por fin pueda volver a su lugar donde quiere vivir porque solo allí puede ser feliz, el resto solo ha sido un camino necesario para conseguir su objetivo, su proyecto vital. Sabe que es difícil, quizá nunca lo pueda conseguir o tal vez para eso tenga que sacrificar otras cosas, su pareja, su profesión, seguramente tendrá que desplazarse a otro lugar más grande para dedicarse a lo que ha estudiado…

Pero estará allí, en su pueblo, en su sitio, para luchar por un futuro digno, por la permanencia de toda una cultura, y para que sus hijas crezcan libres, felices y orgullosas de ser mujeres aragonesas y rurales, como yo.

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