Mullers n'aizión

Mujer y deporte

El machismo continua presente en nuestra sociedad y en nuestro día a día, también está claro, que en el deporte femenino.

A la mujer por el simple hecho de serlo, siempre le toca jugar en el campo contrario

La prensa escrita, construye un NOSOTROS (conformado por los hombres) frente a un ELLAS (las otras, las que no son  Nosotros). El Nosotros sería el equipo local, el que juega en casa, en su terreno. Y Ellas serian el equipo visitante. Por ello las mujeres pasan a ser las que son observadas con recelo por el equipo local que está en campo seguro y cuenta con la simpatía de los espectadores locales. Son sometidas a un escrutinio mucho más severo.                                                 Es así en las competiciones deportivas y es así a la hora de catalogar las actuaciones de las mujeres en la prensa de información general. Se consigue de esta forma dos grandes bloques enfrentados: el Nosotros cuyas actuaciones son ensalzadas y enaltecidas y el de Ellas, donde sus actuaciones son denigradas y ridiculizadas.

Las mujeres deportitas, en general, siempre son las chicas, que además siempre representan la excepción en el monótono recuento de la información deportiva cotidiana centrada en el deporte masculino. Claro, son las visitantes, las otras, las forasteras, y por tanto, la excepción, sino no podríamos entender titulares como: “Las chicas también triunfan” o “Ellas también quieren el podio”. Con ese adverbio bien recalcado, como si representase una auténtica sorpresa que, además de jugar, quieran ganar o ganen. Otros titulares también denotan cierto tono de sorpresa:”Chicas al poder”, “El poder de las chicas” o “Las chicas quieren pelea”. Otros denotan asombro: “Las mujeres, imparables” o “Las mujeres dan el salto”. Todos estos titulares dejan escondidos los nombres reales de estas deportistas y son sustituidos por las mujeres en general, sin especificar si son señoras de la limpieza, personal subalterno o profesoras de guarderías… No esta mujer concreta, ni una mujer, ni dos; ni siquiera “las mujeres deportistas”. Sino “Las mujeres”, ellas, todas o mejor dicho, las chicas, colectivamente. Es decir, las que no son el Nosotros. Se escatima de esta manera el esfuerzo realizado y logro individual o de equipo, diluyéndolo en un genérico femenino muy halagador para las mujeres pero muy injusto para esas mujeres concretas que han realizado esas hazañas.

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