Mullers n'aizión

Movimientos socials

O Bloque Independentista de Cuchas en as fiestas d’o PIlar (Zaragoza)‏

Atro anyo más, o Bloque Independentista de Cuchas estará en iste Pilar 2013. Por ixo, si queretz participar chunto con a cucha independentista Aragonesa d’istos Pilars; no mas que has de amanar-te ta la Plaza d’a Madalena (Vico d’a Madalena, Zaragoza) dende o Viernes 4 d’Octubre ta poder participar d’unas fiestas populars dende o pueblo y t’o pueblo.
En as nuestras barras i son os esferents colectivos d’a Cucha Independentista (A Clau Roya, A Enrestida, Puyalón de Cuchas, Purna y  Universidat).
antimás, atros colectivos como Arainfo tamien i participarán y colaboran.
Por tot ixo, tos convidamos a que tos pasetz por as barras d’a cucha independentista!
Borina Si, Luita Tamien!
 
A Clau Roya seremos o viernes 5 dende as 19 horas. Amanate-ie!!!
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ESFENDEMOS A TIERRA – ARTIEDA 2013

ESFENDEMOS A TIERRA

19, 20 Y 21 DE CHULIO

+INFO: http://esfendemosatierra.info/

https://www.facebook.com/events/147827008744831/?ref=ts&fref=ts


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SOCALCE FEMINISTA

SOCALCE FEMINISTA

Iste sabado 11 de mayo
SOCALCE FEMINISTA
Dende as 13:00 en A Flama (carrera Mayor 53)
Tos asperamos a todas y totz

Un abrazo feminista y revolucionario


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8 DE MARZO

8 DE MARZO

El pasado 8 de marzo, día de la mujer trabajadora y bajo el lema “feministas radicales a vueltas con los pedales” más de 60 personas salimos con nuestras bicis (decoradas con pegatinas y banderines) de la puerta del Campús y recorrimos varias calles del centro de Zaragoza para acabar uniéndonos a la manifestación en la plaza San Miguel .
Una jornada de reivindicación y lucha contra este sistema machista y en defensa de nuestros derechos como mujeres, que acabo en la plaza Aragón leyendo dos manifiestos realizados por Febrero feminista y A Clau Roya.


Blancanieves

beso mujeres

Había una vez, una joven llamada Blancanieves que era muy hermosa, tanto por fuera como por dentro: era sincera, alegre, inteligente, valiente y sobretodo muy luchadora. A medida que crecía, su talento aumentaba hasta el punto que una bruja que vivía por allí se puso muy celosa. Llegó un día en que no pudo tolerar más su presencia y ordenó a un leñador que la llevara al bosque y la matara. Sin embargo, él que era un hombre bueno y justo no hizo caso y le dijo a Blancanieves que no le iba a matar, que ninguna mujer merece morir, y le aconsejó que escapase lo más lejos posible porque si le veía la bruja le mataría. Corrió tan lejos como se lo permitieron sus piernas, tropezando con rocas y troncos de árboles. Por fin, cuando ya caía la noche, encontró una casita y entró para descansar. Todo en aquella casa era pequeño, había una mesita con siete platos muy pequeñitos, siete tacitas de barro y al otro lado de la habitación, se alineaban siete camitas muy ordenadas. La princesa, cansada, se echó sobre ellas y se quedó profundamente dormida.

Cuando llegó la noche, los dueños de la casita regresaron y se quedaron impactados al verla. Eran siete enanitos, que todos los días salían para trabajar a las montañas.

A la mañana siguiente cuando despertaron, Blancanieves les contó su historia y ellos le propusieron que se quedase, pero a condición tenía que coser, lavarles la ropa y los platos, cocinarles y esperarles con la mesa puesta cuando volviesen del trabajo. Blancanieves quería quedarse, ya que no sabía muy bien donde ir, pero no a costa de convertirse en su criada, así que prefirió irse y buscar otro sitio. La bruja supo que se encontraba perdida en el bosque, así que se disfrazó de viejecita y le fue a entregar una manzana roja, la cual estaba envenenada. Blancanieves que sentía una gran soledad, pensó no podía ser peligrosa, así que empezó a conversar con ella. Después de un buen rato hablando la bruja empezó a cambiar de opinión y los celos que sentía hacia ella, empezaron a convertirse en buenos sentimientos. Blancanieves que llevaba varios días sin comer, vio la manzana y le dio un mordisco ante la cara de asombro de la bruja, que se abalanzó sobre ella para quitársela de las manos, pero no le dio tiempo y Blancanieves cayó desvanecida.

El hechizo de la manzana se rompería cuando recibiese un beso de amor, así que fue la bruja la que lo rompió, le pidió disculpas a Blancanieves y ella y la bruja comenzaron una nueva vida juntas y felices.


Caperucita

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Un año después del gran susto que se llevaron con el lobo, Caperucita al fin se atrevió a salir al bosque para ir a ver a su abuelita. Esta vez no se desviaría del camino, todo el mundo se lo dijo, “si no te hubieras desviado, nada te habría pasado” “tú tuviste la culpa”. Iría por el camino correcto. Cuando le quedaba poco para llegar, se encontró con el leñador que las ayudó la otra vez. Caperucita se sintió tranquila. El leñador se acercó y sin mediar palabra se abalanzó sobre ella. La joven se quedó inmóvil, no supo responder. Se dio cuenta de lo ocurrido cuando se vio allí, tirada en el bosque, llena de sangre y sin poder decir una palabra. Recogió sus cosas y se fue a casa de la abuelita, no fue capaz de decir nada, sentía vergüenza, ¿Por qué? ¿Si esta vez no me he salido del camino? ¿No era bueno el leñador? ¿En que había fallado esta vez?

Caperucita se quedó una temporada en casa de la abuelita, no salía, apenas comía ni hablaba, se encerraba en su alcoba a mirar por la ventana temiendo que alguien se acercase. La abuelita decidió llamar a su otra nieta Tacirupeca, de la misma edad de Caperucita y con la que habían pasado muchos momentos juntas.

Tacirupeca de pequeña se fue a vivir a otra aldea, allí pudo ir a la escuela. Era una joven extrovertida, incansable, siempre atenta a lo que pasaba a su alrededor. Su madre era bruja y le estaba enseñando medicina, así que aceptó gustosamente ir a casa de la abuelita, para ver a su prima y aprovechar a recolectar hierbas para los ungüentos.

Tacirupeca sabía que no puedes pasar la vida temiendo que te hagan daño, dejar de disfrutar, de vivir, por miedo a lo que hagan aquellos que se creen con el poder de hacer daño libremente. Así que habló con Caperucita, le enseñó a no culparse por daños ajenos, ella no hacía ningún mal a nadie, ni en medio del bosque ni por el camino, eran otros quienes decidían hacerlo. Ella no podía evitar los ataques, pero sí podía aprender a defenderse.

Todos los días se iban las primas al bosque. Corrían, trepaban a los árboles y bajaban por los barrancos para coger las mejores hierbas. En una ocasión, se les hizo de noche y de vuelta a casa de la abuelita se toparon con una loba, Caperucita se asustó mucho, vio como su prima Tacirupeca se acercaba y se abalanzaba sobre la loba. Era amiga suya, de la otra aldea. Tacirupeca le explicó que en la escuela a ninguna niña le dejaban salir al bosque excepto a ella y los niños no la aceptaban por ser chica. Al principio se aburría hasta que conoció a Roya, una lobezna pequeña con la que aprendió a jugar. Ella la acompañaba a buscar las hierbas para su madre. En una ocasión, cuando aun no tenía tanta agilidad estuvo a punto de caerse por un barranco de no ser por Roya, quien enganchó su caperuza con los dientes y consiguió subirla. A Tacirupeca no le daban miedo los lobos, sabía que había buenos y malos, igual que las personas de la aldea.

Caperucita, harta de estar encerrada en casa, en esa aldea maldita, donde las niñas tenían que tener miedo a todo, decidió irse a vivir con su prima. Era muy mañosa con la madera, de pequeña siempre hacía figuras y le gustaba cortar la leña. Como ya tenían una cierta edad, construyeron una cabaña en medio del bosque donde Tacirupeca preparaba sus medicinas y Caperucita montó una carpintería.

No estaban solas, la abuelita y la bruja iban a verlas de vez en cuando. Pronto se hicieron famosos los ungüentos de Tacirupeca, y pasó a ser denominada bruja y Caperucita se convirtió en la mejor carpintera de la comarca. Ambas proveían una magia muy especial, la de ser libres.

 


La Ratita Presumida

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En un bonito pueblo había una casita que tenía fama por ser la más limpia y reluciente. En ella, vivía una simpática ratita que era muy, pero que muy presumida. Un día, mientras barría la puerta de su casa, la Ratita vio algo en el suelo: -¡Qué suerte, si es una moneda de oro! Me compraré una cinta de seda para hacerme un lazo. Entonces se fue a la mercería del pueblo y se compró el lazo más bonito. -Tra, lará, larita, limpio mi casita, tra, lará, larita, limpio mi casita! cantaba la Ratita, mientras salía a la puerta para que todos la vieran. – Buenos días, Ratita dijo el señor Burro. Todos los días paso por aquí, pero nunca me había fijado en lo guapa que eres. – Gracias, señor Burro dijo la Ratita poniendo voz muy coqueta. – Dime, Ratita, ¿te quieres casar conmigo? – Tal vez – respondió la ratita -. Pero ¿cómo harás por las noches? -¡Hiooo, hiooo! bufó el burro soltando su mejor rebuzno. Y la Ratita contestó: -¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás! Se fue el Burro bastante disgustado, cuando, al pasar, dijo el señor Perro: -¿Cómo es que hasta hoy no me había dado cuenta de que eres tan requetebonita?. Dime, Ratita ¿te quieres casar conmigo? – Tal vez, pero antes dime: ¿cómo harás por las noches? -¡Guauuu, guauuu. -¡Contigo no me puedo casar, porque con ese ruido me despertarás! Mientras, una Ratoncita que vivía cerca de su casa y que estaba enamorado de ella veía lo que pasaba. Se acercó y dijo: -¡Buenos días, vecina! -¡Ah!, eres tú! dijo sin hacerle caso. -Todos los días estás preciosa, Pero hoy más. -Muy amable, pero no puedo hablar contigo porque estoy muy ocupada. Después de un rato pasó el señor Gato y dijo: -Buenos días, Ratita, ¿sabes que eres la joven más bonita? ¿Te quieres casar conmigo? -Tal vez dijo la Ratita-, pero ¿cómo harás por las noches? -¡Miauuu, miauuu! contestó con un dulce maullido. -¡Contigo me quiero casar, pues con ese maullido me acariciarás! El día antes de la boda, el señor Gato invitó a la Ratita a comer unas cuantas golosinas al campo, pero mientras preparaba el fuego la Ratita miró en la cesta para sacar la comida, y… -¡Qué raro!, sólo hay un tenedor, un cuchillo y una servilleta; pero ¿dónde está la comida? -¡La comida la tienes que hacer tú! En vez de limpiar tanto las escaleras de casa, para que te vean los vecinos, deberías haber hecho la cena!!!! Dijo el Gato, y enseño sus colmillos. La pobre ratita, se fue a casa un poco triste. Solo quería meterse en la cama y descansar. Pero no podía hacerlo, porque tenía que preparar la comida de mañana, poner una lavadora y hacer la lista de la compra para ir a comprar al día siguiente. Mientras el señor Gato, muerto de hambre, se fue al bar a cenar y ver el partido.

Al final de la tarde, apareció su vecina dispuesta a ayudarle.

Dime Ratita, ¿Dónde está tu maridito???

-En el bar, que no había nada para cenar…..

– Vámonos Ratita, tu eres especial, primero tú te has de valorar y mimar y en casa encerrada no te tienes que quedar.

La Ratita se quedo pensativa…..Tenía razón su vecina!!!! Ella quería disfrutar, ver un montón de cosas, conocer sitios increíbles y…¿porque no?, quería tumbarse en el sofá, sin tener mil cosas en las que pensar y a quien cuidar.

La Ratita se marcho del lugar, y el Gato le prometía que iba a cambiar.

Tras mucho dudar, la Ratita se fue. Cambio su vida y descubrió miles de cosas que podía hacer. Su vecina estaba allí en todo momento, se convirtió en una grandísima amiga, casi como una hermana.

Y colorin, colorado, este cuento se ha acabado.

Y ni la una, ni la otra se han casado, ni se han liado.

Y sino te gusta este cuento… es que algo te ha tocado y molestado….

¿¿Qué eres??¿¿Ratita o Gato??